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Desde "El Mundo". Taberna italiana, mercado madrileño

August 22, 2016

Entre ellos hablan en un dialecto local, aunque suena a italiano. Provienen de Marche, una región del centro de Italia, y están empeñados en mostrar otras recetas de su patria. Maxi, Jonata y Jimmy son socios y amigos. Llevan ya unos años en la capital, pero fue en abril de 2014 cuando decidieron instalarse en uno de los puestos del renovado Mercado de Antón Martín. Su buen hacer, y sobre todo, su imbatible menú del día ya atraen a mucha gente.

 

La Saletta empezó como una barra de bar minúscula. Sus pizzas de crujiente masa fina apiñaban a la clientela en pocos metros. Luego pusieron cinco mesas abatibles. Y más tarde, a principios de este año, cogieron otro puesto en el mismo pasillo. Un coqueto saloncito con mesa corrida y capacidad para 18 personas. La fórmula es infalible. Se come bien y barato. Por eso, si se quiere probar su menú hay que espabilar, porque de lunes a viernes las mesas se ocupan rápido.

 

Por 8,90 euros dan a elegir dos primeros y dos segundos, que cambian a diario en su pizarra, con bebida, pan y café incluidos. Luego hay suplementos opcionales. Si se quiere probar un vino italiano más potente se paga 1,50 euros (tienen muchos caldos de su tierra que van rotando y además se pueden comprar). Si se quiere postre pues hay que sumar dos euros. Sea como fuere, el precio seguirá siendo económico.

«La Saletta es como una típica taberna del centro de Italia. Usamos producto de calidad, con proveedores propios de nuestro país, aunque también compramos en el mercado. Es lo bueno de estar aquí, tienes todo a mano», dice Jimmy.

 

En el menú siempre incluyen un plato vegetariano y alguna especialidad de su región. La vez que fuimos pedimos una ensalada de atún, que no es italiana, pero estaba buenísima, y de segundo, un suculento polpettone con patate, un pastel de carne picada con guisantes, frutos secos y salsa de tomate, típico de la zona centro-norte del país transalpino. Abundante y sabroso. Las raciones son copiosas, por si alguien se siente tentado a rematar con algo dulce.

Otras especialidades que se pueden encontrar a diario son el carpaccio de cinta de lomo con mostaza y miel o los bartolacci, un tipo de empanadilla frita, elaborada con la masa de la piadina (pan fino de trigo), rellena de queso y servida con rúcula y crema de balsámico. Los golosos pueden deleitarse con postres como los cannoli, babà, tiramisú y panna cotta. Y todo hecho al momento, en una cocina diminuta que parece el camarote de los hermanos Marx.

 

Fuera del menú es obligatorio probar la porchetta, su plato estrella, una receta de carne de cerdo enrollada con especias y cocinada al horno. También están sus pizzas y sus foccacias, y su simpatía, porque sirven bien y con celeridad. Se nota que están a gusto en el mercado y lo transmiten. En un lateral de la barra se puede leer: «Con los platos de pescado no se sirve parmesano». Para aquellos que quizá piensen que en Italia todo lo comible lleva queso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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